El poder de una máscara africana.

Máscara femenina Ngaady a mwaash del pueblo Kuba, República Democrática del Congo (Museo Real de África Central, Bruselas).

En las culturas tradicionales africanas, las máscaras encarnan fuerzas espirituales que favorecen al individuo, a la familia y al colectivo.

Durante miles de años África, considerada la cuna del hombre moderno, ha contribuido con la herencia cultural de la humanidad. Su presencia a lo largo del continente americano se hace evidente en  la religión, la música, la cocina, la lengua, la arquitectura, la danza.

A comienzos del siglo XX, las máscaras africanas influyeron notablemente en el arte europeo de aquel momento. Sus formas estilizadas, en ocasiones reducidas a figuras geométricas básicas, fueron tomadas como referencia formal por el arte cubista.

Si bien son objetos cuyo diseño, formas, acabado, uso de colores y materiales les confieren ciertas cualidades plásticas, no constituyen obras de arte en el sentido que tiene este término para el mundo occidental. Más que aportar placer estético, las máscaras africanas tienen por función comunicar a los humanos con sus ancestros, sus dioses, con las fuerzas invisibles de la naturaleza y constituyen un poderoso agente de mediación.


Máscara Satimbé-Sangha, del pueblo Dogón, Mali.En las culturas tradicionales africanas, las máscaras participan en ritos vinculados a importantes transiciones de la vida: la fertilidad, el nacimiento, la pubertad, el matrimonio, la muerte; a los ciclos naturales que inciden en las cosechas, o para garantizar valores, el orden social y la seguridad.Se fabrican con madera, cuero, marfil, metal o arcilla; llevan conchas, piel, rafia, hojas, huesos. Muchas son pintadas con motivos simbólicos que refuerzan su capacidad referencial. Ciertos colores y materiales pueden denotar el estatus social de quien las porta.

Más allá del objeto.

Las máscaras, como otros productos culturales de África, responden a la creencia en fuerzas vivas que se manifiestan en forma de ancestros, elementos de la naturaleza u otra clase de espíritus, cada uno de los cuales posee su identidad propia. Piezas de mobiliario, tejido, estatuillas, pesos para el oro, entre otros utensilios, adquieren funciones que trascienden su utilidad práctica. Actúan como depositarios o como mediadores de las fuerzas espirituales, o para segurar éxito, fertilidad, riqueza proteger contra las enfermedades.

Máscara Kpelie del pueblo Senufo, Costa de Marfil. (Museo Metropolitano de Nueva York)

La etimología.

En latín persōna (de per sonare, o sonar a través de) es la máscara de teatro. Se cree que el término viene del etrusco phersu (máscara), y este del griego prósôpon, o la máscara de teatro que servía para expresar emociones y a la vez ayudar a proyectar la voz; luego, la misma palabra también designó a quien la portaba.

El psicólogo Carl Jung tomó prestadas dichas nociones. Llamó persona a las máscaras que se coloca un individuo para adaptarse a las distintas situaciones del medio social. Lo hace para engañar a los demás y a menudo también a sí mismo.

La etimología entrelaza la idea de máscara con las de rostro, rol, personaje, y persona; y se entiende que su función es ocultar, proteger y a la vez revelar identidades.

La máscara africana expresa los ideales comunitarios, define el poder y el liderazgo. Protege, salva, cura, celebra los ciclos de la vida. Quien la porta trasciende su propia identidad y se convierte en un ser espiritual.

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