La paradisiaca bahía de Mozambique.

La paradisiaca bahía de Mozambique

Pemba es uno de esos lugares en los que la vida no tiene reloj pero en los que conviene hacerlo todo pronto, como madrugar para subirse a un barco de pescadores, recorrer el mercado de Mbanguia antes del mediodía o volver a la playa de Wimbi para dejarse maravillar por la puesta de sol. Pero vayamos por partes.

Lo primero que el viajero debe decidir antes de alojarse en Pemba es lo que está buscando, si el bullicio colorista de la ciudad o el silencio de la bahía.

Hay opiniones para todos los gustos, y hasta opciones intermedias. Hasta 1904, cuando, bajo el nombre de Porto Amelia, se constituyó en la ciudad la sede de la Compañía de Niassa -la entidad encargada de gestionar las tierras y los recursos de la provincia durante la administración colonial portuguesa- Pemba era solo una pequeña aldea de pescadores como las muchas que salpican el Índico hasta los dominios del antiguo sultanato de Zanzíbar.

Reinas de África y heroínas de la diáspora negra. Sylvia Serbin(Autora)

Todavía hoy, el barrio de Paquitequete conserva el alma marinera a través de su famoso Mercado do Peixe. Basta seguir la avenida da Marginal para llegar al pequeño faro que corona uno de los extremos del barrio.

La arquitectura de Pemba mezcla colonialismo portugués y toques musulmanes

A Baixa, como se conoce a todo el caso antiguo de la ciudad, ofrece para los amantes de la arquitectura un repaso por el diseño colonial portugués -viviendas coloristas con patios y amplios balcones en los que encontrar la brisa del mar- entremezclado con la influencia musulmana en forma de sencillas pero llamativas mezquitas.

Eso sí, al llegar a la avenida 25 de setembro, Pemba se vuelve como cualquier otra ciudad del país: un bullicio constante de motocicletas, peatones y coches que atienden sus negocios. Solo que aquí la arena llega a veces hasta las aceras.

Pero, antes de ir a la playa, conviene todavía darse un paseo más por el centro de la ciudad, hasta el mercado de Mbanguia, uno de los centros de comercio informal más importantes de todo Mozambique. Aquí se vende de todo, desde radios hasta las famosas máscaras africanas. Hay también animales, artesanías y jóvenes artistas que prometen ser los futuros referentes de la pintura local. Es recomendable hacerlo todo pronto, decíamos, antes de que el calor nos obligue a buscar cobijo y un agua bien fría.

El aroma de los mangos. Paolo Akam(autor)

Pero Pemba es, sobre todo, uno de los mejores arenales del país, una región a menudo olvidada en las guías turísticas que sitúan su última parada en la isla de Mozambique.

Tanto es así que la ciudad es uno de los destinos predilectos para los mozambiqueños y uno de los favoritos para los habitantes de Johannesburgo. South African Airways tiene vuelos semanales, y existen también conexiones con Nairobi y Dar es Salaam.

La costa de Pemba ofrece numerosas actividades

Buena parte de la fama turística de Pemba viene por su impresionante bahía, especialmente, por la conocida como playa de Wimbi, una sucesión interminable de calas de arena blanca y palmeras. La imagen tipo del paraíso.

Junto a la rotonda que conduce a la ciudad se ubica el lujoso Avani Pemba Beach Hotel, un complejo de alto standing con piscina, spa y unas espectaculares vistas sobre la bahía. Es el punto de encuentro entre la playa y la ciudad. A su alrededor ha ido creciendo la oferta turística, desde el club Nautillus a las decenas de pequeños alojamientos locales de precios más económicos.

Mujeres africanas. Más allá del tópico de la jovialidad. Remei Sipi(autora)

Es también aquí donde los habitantes de Pemba vienen a disfrutar de una cerveza al atardecer: el bullicio del mercado de Mbanguia se traslada entonces al paseo que rodea la playa. Hay vendedores ambulantes y comida callejera a base de pescado frito para los que opten por la gastronomía local.

Si uno se sienta en la arena a la espera de la puesta de sol, puede que encuentre, a lo lejos la silueta de los delfines. Y si se adentra en agua, casi siempre calmada, siempre caliente, le esperan tortugas y una espectacular sucesión de corales tropicales. De julio a septiembre pueden observarse, incluso, ballenas jorobadas.

NO TODO EN UN DÍA

Explorar a conciencia la bahía de Pemba requiere, al menos, de un par de días, por lo que nada mejor que volverse a levantar con los primeros rayos del sol, justo cuando los primeros pescadores arrastran sus dhows hacia el mar casi siempre parsimonioso.

Después, nos habremos ganado un buen desayuno. El propio Nautillus cuenta con una oferta de menú internacional y una magnífica terraza frente al mar. A pocos metros, siguiendo la carretera principal, ya sin asfaltar, Reggio Emilia ofrece una propuesta gastronómica ecológica con huevos y frutas de su propia huerta.

Las tardes son tranquilas en las playas de Pemba

En la misma playa de Wimbi abundan las ofertas para disfrutar de safaris marinos en dhow e inmersiones de buceo o snorkeling para dejarse maravillar por los espectaculares corales de esta región del Índico. Además de los instructores del Avani Pemba Beach Hotel, CI Divers, que es también restaurante y guesthouse, ofrece una inmersión hasta el fascinante Lazarus Bank.

Para los más aventureros, basta con pasear por la playa para que algún pescador nos ofrezca un paseo mar adentro. No obstante, conviene negociar el precio.

A diferencia de otras playas del continente, en Wimbi, las proposiciones, ofertas y ruegos no agobian a los turistas. Uno puede caminar durante largo rato o incluso quedarse dormido en una hamaca sin que nadie lo interrumpa. Puede que, al cabo de un rato, aparezca algún pescador a darle conversación, o algún artesano a vender alguna talla de Makonde.

Hacia el final de la playa, junto al eco-lodge Nzuwa, Pemba esconde su último gran secreto: las pequeñas piscinas naturales que se forman con la marea baja. Hay algunas con el fondo suficiente como para dejarse arrullar hasta quedar dormido. El único inconveniente será que, mientras tanto, suba la marea.

Partir para contar. Un clandestino africano rumbo a Europa. Mahmud Traoré , Bruno Le Dantec(Autores

Esta zona de la playa, la más alejada de la ciudad, ofrece la mejor instantánea del atardecer, ese instante exacto en el que el sol colorea un mar rojizo.

Antes o después de cenar, vale la pena dar una vuelta por la pequeña aldea de Nañimbe, con su mercado tradicional, y visitar el centro cultural Tambo Tambulani Tambo, donde organizan exposiciones de pintura, lecturas de poesía y conciertos en vivo.

¿Y para el estómago? Nada mejor que alguna de las piezas de pescado que nos han acompañado durante todo el día. Erizos de mar, pez espada, langosta o atún fresco que los más avezados pueden incluso pescar ellos mismos. No hay mejor manera para terminar un día en Pemba.

PUNTO DE PARTIDA

Aunque es un destino en sí mismo, Pemba puede ser también el punto de partida para conocer el norte de Mozambique. Desde la cercana Murrebue, para amantes del kite-surf, al inolvidable archipiélago de las Quirimbas, una versión extendida y, si cabe, todavía más espectacular de la bahía de Pemba, un lugar que merece un viaje por sí mismo.

Desde Pemba se puede llegar fácilmente a la isla de Ibo, la más importante de las que componen el parque natural, bien en avioneta (no más de 200 dólares) o en una de las tradicionales chapas que, tras algo más de cinco horas y poco más de seis euros nos dejarán junto al barco para llegar a Ibo. Lo único que hay que tener en cuenta es que es imperioso llegar cuando la marea está alta para poder cruzar.

El Pecado. Seydou Koné(autor)

La reserva nacional de Niassa, uno de los últimos enclaves salvajes de esta región de África, es otro de los destinos cercanos. Aunque se trata de una región aislada y de difícil acceso, pueden encontrarse en Pemba empresas y particulares que realizan visitas a la misma.

Se trata de un parque de 42.000 kilómetros cuadrados, casi el doble que el parque Kruger, al que su ubicación aisló del conflicto armado. Así es hoy probablemente el parque nacional con mayor riqueza de fauna y flora de todo el país: habitan aquí más de 10.000 elefantes, 200 de los casi extinguidos licaón (o perro salvaje africano), así como leones, leopardos, hienas, cebras o los también endémicos ñús de Niassa. ¡No te lo pierdas!

 

 

 


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